
La existencia entera es una recién nacida; tan fresca como una gota de rocío, tan fresca como una hoja cayendo en primavera.
Es como los ojos de un bebé recién nacido: todo es fresco, claro, impecable.
Esto es lo primero que hay que sentir.
Si miras al mundo y sientes que todo es viejo, eso demuestra que no eres meditativo. Cuando sientes que todo es viejo, eso demuestra que tienes una mente vieja, una mente podrida.
Si tu mente es nueva, el mundo es nuevo.
No es cuestión del mundo; es cuestión del espejo. Si hay polvo en el espejo, el mundo es viejo; si no hay polvo en él,
¿cómo va a ser viejo el mundo?
Si las cosas envejecen, vivirás aburrido; todo el mundo vive aburrido; todo el mundo se aburre profundamente.
Mira las caras de la gente. Llevan la vida como una carga: aburrida, sin sentido.
Parece como si todo fuera una pesadilla, una broma muy cruel, como si alguien les estuviera gastando una broma, torturándolos.
La vida no es una celebración, no puede serlo.
Con una mente cargada por la memoria de la vida, ésta no puede ser una celebración.
La celebración sólo es posible cuando la existencia es una renovación continua, cuando la existencia es siempre joven.
Cuando nada se hace viejo, cuando nada muere realmente; porque todo está renaciendo constantemente: uno se convierte en una danza.
Entonces fluye una música interior.
No importa que toques o no un instrumento, la música sigue sonando.
Osho




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